CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica Asà se implantó por primera vez el empirismo como la única fuente de los principios relativos al conocimiento concerniente a la existencia de las cosas (por lo que las matemáticas quedaban todavÃa excluidas del mismo), pero con él se implantó al mismo tiempo el más rudo escepticismo incluso en lo tocante a toda la ciencia natural (como filosofÃa). Pues con arreglo a tales principios, a partir de las determinaciones dadas de las cosas, nunca podemos deducir una consecuencia conforme a su existencia (porque para ello se precisarÃa el concepto de una causa, al entrañar dicho[A 90] concepto la necesidad de una I conexión semejante), sino que sólo podemos atenernos a la regla de la imaginación y esperar casos similares a los acostumbrados, si bien esta espera jamás es del todo segura por muy a menudo que se haya visto verificada. Desde luego, ante ningún acontecimiento cabrÃa decir que habÃa de precederle algo a lo cual acto seguido él le sucedió necesariamente, esto es, no puede decirse que haya de haber una causa y, por consiguiente, aun cuando uno conociera casos tan frecuentes como para extraer de ahà una regla, no podrÃa por ello admitirse que siempre y necesariamente ocurre de ese modo, teniendo que dejar también su derecho al ciego azar, en donde cesa cualquier \ uso de la razón. Todo lo<Ak. V, 52> cual sustenta con firmeza al escepticismo por cuanto atañe a las conclusiones que se remontan del efecto hacia la causa, hasta el punto de tornarlo irrefutable.