Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica ¿Mas cómo cabe aplicar esta categoría de causalidad (así como todas las demás, dado que sin ellas no se lleva a cabo ningún conocimiento de cuanto existe) a cosas que no son objetos de una experiencia posible y permanecen más allá de sus lindes, habida cuenta de que sólo he podido deducir la realidad objetiva de tales conceptos con respecto a objetos de experiencia posible? Justamente el haberlos salvaguardado sólo en ese caso, y haber mostrado que sí cabe pensar objetos merced a ellos aun cuando no quepa determinarlos a priori, es lo que les procura un lugar en el entendimiento puro desde donde quedan referidos a objetos en general (sensibles o no). Si todavía falta algo es la condición para aplicar estas categorías, y particularmente la de causalidad, a objetos, es decir, esa intuición que, allí donde no se da, hace imposible tal aplicación con vistas al conocimiento teórico del objeto en cuanto noúmeno, siendo así que dicha aplicación queda tajantemente prohibida para quien ose emprenderla (al igual que sucedía en la Crítica de la razón pura), aun cuando I siempre subsista la realidad[A 95] objetiva del concepto e incluso puede ser utilizada desde los noúmenos, si bien no quepa determinar de ningún modo teóricamente a ese concepto y producir algún conocimiento gracias a ello. Pues el que ese concepto no entraña nada imposible, tampoco en relación con un objeto, quedó demostrado al verse asegurado su sitio dentro del entendimiento puro junto a cualquier aplicación sobre objetos de los sentidos y, aunque luego, referido a cosas en sí mismas (que no pueden ser objetos de la experiencia), sea incapaz de prescribir nada para la representación de un objeto determinado con vistas a un conocimiento teórico, bajo algún otro respecto (acaso el práctico) siempre podría ser capaz de prescribir algo para su aplicación, una posibilidad que no cabría si, de acuerdo con Hume, este concepto de causalidad entrañase algo que resulta totalmente imposible de pensar.