Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Si yo hubiera despojado al concepto de causalidad, al igual que Hume, de su realidad objetiva en el uso teórico, no sólo con respecto a las cosas en sí mismas (de lo suprasensible), sino también con respecto a los objetos de los sentidos, entonces hubiera perdido toda su significación y se le hubiera tenido por un concepto enteramente inutilizable al ser imposible en términos teóricos y, como no cabe hacer uso alguno de la nada, el uso práctico de un concepto teóricamente nulo hubiera resultado completamente absurdo. Pero el concepto de una causalidad incondicionada empíricamente, aun cuando esté vacío desde un punto de vista teórico (sin intuición que se le acomode), sigue siendo siempre posible y se refiere a un objeto indeterminado en lugar del cual cabe colocar la ley moral, dotándole así consiguientemente de una significación dentro del ámbito práctico y, aunque yo carezca de cualquier intuición que determine objeti[A 99]vamente su realidad teórica, no I por ello tiene una menor aplicación real que se deja concretizar en intenciones o máximas donde se delata su realidad práctica, lo cual basta para su habilitación incluso con respecto a noúmenos.