Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Así pues, como con vistas a la ley moral y para procurarle influjo sobre la voluntad, no ha de buscarse ningún otro móvil que pudiera prescindir del relativo a dicha ley, porque tal cosa I daría pie a toda una clamorosa[A 128] e inestable hipocresía, resultando arriesgado incluso el dejar concurrir junto a la ley moral algunos otros móviles (como el del beneficio), no queda sino determinar cuidadosamente de qué modo la ley moral se torna un móvil y, en la medida en que lo sea, determinar asimismo lo que ocurre con la capacidad desiderativa humana como efecto de aquel fundamento determinante aplicado a ella. Pues cómo pueda una ley constituir por sí misma e inmediatamente un fundamento para determinar la voluntad (lo cual resulta sustantivo para toda moralidad) supone un problema insoluble para la razón humana y equivale a plantearse cómo es posible una voluntad libre. Por lo tanto, habremos de indicar a priori, no tanto lo que convierte a la ley moral en un móvil de suyo, sino aquello que al ser tal incide sobre nuestro ánimo (o, mejor dicho, ha de incidir).