Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica A su modo de ver, «satisfacer el mandato categórico de la moralidad se halla siempre a nuestro alcance, mientras que hacer lo propio con una prescripción práctica empíricamente condicionada sólo resulta posible muy de vez en cuando y con respecto a un único propósito» (A 64-65). Con todo, su propuesta presenta otra ventaja que le parece todavía mucho más relevante y es la de que, gracias a ese imperativo categórico, «uno juzga entonces que puede hacer algo al cobrar consciencia de que debe hacerlo, reconociendo en su fuero interno aquella libertad que hubiera seguido siéndole desconocida sin contar con la ley moral» (A 54; cf. A 171 y A 283).