Crítica de la Razón Práctica

Crítica de la Razón Práctica

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La ley moral, pues, al igual que supone un fundamento formal para determinar la acción mediante la razón pura práctica, así como ciertamente también material, si bien sólo es un fundamento objetivo para determinar la acción bajo el rótulo de «lo bueno» y «lo malo», constituye asimismo un fundamento de determinación subjetivo o móvil de dichas acciones, en tanto que posee influjo sobre la sensibilidad[133] del sujeto y origina un sentimiento que auspicia el influjo de la ley sobre la I voluntad. Aquí no va por delante[A 134] dentro del sujeto ningún sentimiento que fuera proclive a la moralidad. Pues esto es imposible, por cuanto cualquier sentimiento es sensible y el móvil de la intención moral tiene que verse libre de todo condicionamiento sensible. El sentimiento sensible subyacente a todas nuestras inclinaciones supone más bien la condición de aquella sensación que denominamos «respeto», pero la causa que lo determina reside en la razón pura práctica y por su origen no cabe calificar de «patológica» a esa sensación, la cual tiene que describirse como prácticamente producida; puesto que, al despojar de su influencia al amor propio y de su vana ilusión a la vanidad, la representación de la ley moral aminora el obstáculo con que tropieza la razón pura práctica y, al escenificarse una preferencia \ por su ley objetiva con respecto a los impulsos de la<Ak. V, 76> sensibilidad, en el juicio de la razón se alumbra un peso relativo para dicha ley (en el caso de una voluntad afectada por esta última) gracias a que su contrapeso queda difuminado.


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