CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica El respeto se aplica siempre únicamente a personas, jamás a cosas. Las cosas pueden suscitarnos inclinación, y cuando se trata de animales (v. g. caballos, perros, etc.) incluso amor, o también miedo, como el mar, un volcán o una fiera, mas nunca respeto. Algo que se aproxima bastante más a este sentimiento es la admiración y ésta sà puede, bajo la emoción del asombro, I dirigirse a cosas como las montañas elevadas[A 136] hacia el cielo, el tamaño, cantidad y lejanÃa de los astros, la fuerza y velocidad de ciertos animales, etc.
Pero nada de todo esto supone respeto. Un ser humano puede constituir para mà un objeto de amor, de temor o de admiración, e incluso de asombro, mas no por todo ello será objeto de respeto. Su buen humor, su coraje y fortaleza, el poder que le proporciona su posición entre los demás, pueden inspirarme sensaciones como las recién enumeradas, pero nada de todo ello suscitará un Ãntimo respeto hacia él.