Crítica de la Razón Práctica

Crítica de la Razón Práctica

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Por lo tanto, el respeto hacia la ley moral es el único a la par que indubitable móvil moral, tal como este sentimiento no se atiene a ningún objeto salvo exclusivamente por este fundamento. La ley moral es lo que determina primero objetiva e inmediatamente la voluntad en el juicio de la razón; la libertad, cuya causalidad sólo es determinable mediante la ley, consiste precisamente en restringir toda inclinación y, por ende, la estima de la propia persona a la condición de observar su ley pura. Esta restricción produce un efecto sobre el sentimiento y crea una sensación de displacer que puede ser reconocida a priori desde la ley moral. En tanto que supone un mero efecto negativo originado por el influjo de una razón pura práctica perjudica sobre todo a la actividad del sujeto, toda vez que las inclinaciones sean sus fundamentos determinantes, con lo cual quebranta la opinión sobre su valor personal (que sin acuerdo con la[A 140] ley moral queda reducido a la nada) y el I efecto negativo de esa ley sobre el sentimiento constituye una simple humillación que, por lo tanto, captamos ciertamente a priori, aunque no podamos reconocer en ella la fuerza de la ley pura práctica en cuanto móvil,<Ak. V, 79> sino sólo la resistencia frente a los móviles de la \ sensibilidad. Sin embargo, como la propia ley constituye objetivamente (o sea, en la representación de la razón pura) un fundamento para determinar inmediatamente la voluntad, esa humillación sólo tiene lugar por consiguiente de un modo relativo a la pureza de la ley, y entonces esta rebaja en las pretensiones de autoestima moral (esto es, esa humillación por el lado sensible) equivale a una elevación de la estima moral (es decir, de la estimación práctica de la propia ley por el lado intelectual), con lo cual el respeto hacia la ley supone también conforme a su causa intelectual un sentimiento positivo que es reconocido a priori. Pues cualquier merma en los obstáculos de un quehacer equivale a propiciar ese mismo quehacer. Ahora bien, el reconocimiento de la ley moral equivale a cobrar consciencia de una actividad de la razón práctica, basada en fundamentos objetivos, que no exterioriza su efecto en acciones porque así lo impiden causas subjetivas (patológicas). Por lo tanto, el respeto hacia la ley moral tiene que ser considerado también como un efecto positivo, si bien indirecto, de dicha ley sobre el sentimiento, por cuanto al humillar la vanidad debilita el influjo de las obstaculizadoras inclinaciones, con lo cual ha de ser considerado como un fundamento subjetivo de la actividad, I es decir,[A 141] como un móvil para el cumplimiento de la ley y como fundamento para las máximas de un comportamiento vital conforme a ella.


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