Crítica de la Razón Práctica

Crítica de la Razón Práctica

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Mas esta diferenciación sobre los principios de felicidad y moralidad no equivale sin más a una contraposición entre ambos, y la razón pura práctica no pretende que se deba renunciar a las demandas de felicidad, sino sólo que no se les preste atención al tratarse del deber. En cierto modo incluso puede suponer un deber el cuidar de su felicidad; en parte porque la felicidad (a la que se adscriben cosas tales como la habilidad, la salud y la riqueza) contiene medios para el cumplimiento del deber, y en parte por[A 167] que su carencia I (v. g. la pobreza) encierra tentaciones para transgredir su deber. Pero limitarse a fomentar su felicidad nunca puede constituir inmediatamente un deber ni mucho menos el principio de cualquier deber. Ahora bien, puesto que todos los principios para determinar la voluntad, excepto la única ley de la razón pura práctica (la ley moral), son todos ellos empíricos y en cuanto tales pertenecen al principio de la felicidad, habrán de ser separados del supremo principio moral sin incorporarlos jamás a éste como condición, pues esto suprimiría todo valor moral al igual que la mezcla empírica con los principios geométricos anula toda evidencia matemática, siendo dicha evidencia lo más eximio (según el juicio de Platón[140] que alberga en su seno las matemáticas hasta el punto de preceder a cualquier utilidad suya.



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