Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Siempre cabe buscar una escapatoria pretextando simplemente que el modo de los fundamentos para determinar su causalidad según la ley natural se compadece con un concepto comparativo de libertad (con arreglo al cual a veces es llamado «efecto libre» aquél cuyo fundamento natural determinante reside en el interior del agente, como cuando se utiliza el término «libertad» para lo que hace un cuerpo lanzado cuando su movimiento es libre porque mientras dura su trayectoria no se ve impulsado por nada desde fuera, o como llamamos también «libre» al movimiento de un reloj porque hace avanzar él mismo sus manecillas[A 172] I sin que sean empujadas desde fuera; de igual modo llamamos «libres» a las acciones del ser humano, aunque sean necesarias por sus fundamentos de determinación precedentes en el tiempo, porque las representaciones interiores producidas por nuestras propias fuerzas dan pie a deseos conformes a circunstancias ocasionales y, por lo tanto, se trata de acciones producidas con arreglo a nuestro capricho). Pero se trata de un recurso mezquino con el que algunos se entretienen y creen haber resuelto así, con un pequeño ardid terminológico, aquel arduo problema en cuya solución se ha trabajado estérilmente durante siglos, resultando por ello sumamente difícil que la clave para solventarlo pudiera descubrirse tan en la superficie.