CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica Con esta deferencia, que a nuestra razón le resulta tan natural como inexplicable, se dejan justificar también ciertos dictámenes que son pronunciados con toda escrupulosidad por la conciencia moral y que, sin embargo, a primera vista parecen contradecir por completo toda equidad. Hay casos en que los seres humanos, aun recibiendo una educación provechosa para quienes eran educados al mismo tiempo, muestran desde su infancia una malicia tan precoz, que luego va creciendo con ellos hasta su madurez, que se les tiene por malvados natos y plenamente incorregibles en lo que concierne al modo de pensar, \ a pesar<Ak. V, 100> de lo cual se les juzga por I cuanto hacen u omiten[A 179] hacer y se les reprocha sus fechorÃas como culpas, e incluso ellos mismos (los niños) encuentran esos reproches tan bien fundados como si, pese a esa desesperanzada disposición natural de ánimo que se les atribuye, siguieran siendo tan responsables como cualquier otro ser humano. Esto serÃa imposible si nosotros no presupusiéramos que todo cuanto nace de su albedrÃo (como sin duda cualquier acción cometida deliberadamente) tiene por fundamento una causalidad libre y ésta queda expresada desde una temprana juventud en su carácter a través de sus fenómenos (las acciones), quienes a causa de la regularidad del comportamiento hacen reconocible una conexión natural que, sin embargo, no hace necesaria esa maliciosa disposición de la voluntad, siendo ésta más bien la consecuencia del adoptar voluntariamente principios malos e inalterables, los cuales sólo le hacen aún más reprobable y digno de castigo.