Crítica de la Razón Práctica

Crítica de la Razón Práctica

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Todas las categorías están divididas en dos clases: las matemáticas, las cuales se refieren simplemente a la unidad de la síntesis en la representación de los objetos, y las dinámicas, las cuales se refieren a la unidad de la síntesis en la representación de la existencia de los objetos. Las primeras (las de cantidad y calidad) contienen siempre una síntesis de lo homogéneo, donde no puede encontrarse de ninguna manera lo incondicionado para eso que se ha dado como algo condicionado en la intuición sensible dentro del espacio y el tiempo, pues él mismo habría de quedar adscrito a su vez al espacio y el tiempo y, por lo tanto, siempre sería de nuevo algo condicionado; de ahí que también en la dialéctica de la razón pura teórica los dos modos contrapuestos entre sí de buscar lo incondicionado, así como la totalidad de las condiciones para tales categorías, eran ambos falsos. Las categorías de la segunda clase (las de la causalidad y la necesidad de una cosa) no exigían en modo alguno esa homogeneidad (en la síntesis de lo condicionado y su condición), porque aquí no debe representarse cómo se forma la intuición a partir de una multiplicidad sintetizada en ella, sino sólo cómo la existencia de su correspondiente objeto condicionado se añade a la[A 187] existencia de la condición I (como enlazada con ella en el entendimiento); y eso permitía agregar a cuanto era condicionado en el mundo sensible (tanto con respecto a la causalidad como a la existencia casual de las cosas mismas) lo incondicionado, aunque por lo demás indeterminado, en el mundo inteligible, haciendo transcendente la síntesis. Por eso se descubrió asimismo en la dialéctica de la razón pura especulativa que los dos modos aparentemente contrapuestos de buscar lo incondicionado para lo condicionado no se contradecían realmente, pues en la síntesis de la causalidad, por ejemplo, no es contradictorio pensar para lo condicionado, inmerso en la serie de causas y efectos del mundo sensible, una causalidad que no esté condicionada sensiblemente, con lo cual la misma acción que como perteneciente al mundo sensible siempre se halla condicionada sensiblemente, o sea, es mecánicamente necesaria, sin embargo, como causalidad del ser que actúa en tanto que pertenece al mundo inteligible también puede, al mismo tiempo, tener en su base una causalidad sensiblemente incondicionada y, por consiguiente, puede ser pensada como libre. Se trataba simplemente de llegar a transformar este poder en un ser, o sea, de verse demostrado en un caso real al igual que mediante un factum, es decir, se trataba de que ciertas acciones presupusieran semejante causalidad (la intelectual y sensiblemente incondicionada), ya sean reales o únicamente ordenadas, esto es, de que fueran objetivamente necesarias en términos prácticos.


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