CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica Cuando nosotros describimos las acciones de nuestros semejantes no es del todo ilegÃtimo que lo hagamos en términos causales, explicándonos su conducta en virtud de los condicionamientos naturales o sociales que les llevan a comportarse de tal o cual manera. La atribución de tales relaciones de causa-efecto pudiera resultar en ocasiones discutible, pero lo cierto es que se acostumbra a llevarla a cabo. Y asà es como decimos, por ejemplo, que «dadas las circunstancias Fulano no podÃa actuar de otra manera». Asà es como hablamos de Fulano en tercera persona. ¿Pero podrÃamos hacer otro tanto cuando cada uno de nosotros habla en nombre propio y se refiere a sà mismo en primera persona? Bien miradas las cosas, hablar asà serÃa sólo una excusa para eludir nuestra responsabilidad moral, la responsabilidad que a todos nos alcanza por nuestros propios actos. Cuando diga «no pude actuar de otra manera» o «las circunstancias me obligaron a actuar como lo hice», estaré sencillamente dimitiendo de mi condición de persona, para pasar a concebirme como una cosa más, sometida como el resto de las cosas a la forzosa ley de la causalidad. O, con otras palabras, estarÃa renunciando a la humana carga de ser dueño de mis actos[34].