Crítica de la Razón Práctica

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Pero, por otra parte, siempre cabe cometer aquí un error de subrepción (vitium subreptionis) y sucumbir a una especie de ilusión óptica en la consciencia de lo que uno hace, al diferenciarlo de lo que uno siente,[A 210] siendo esto algo que ni siquiera el más avezado I es capaz de evitar. La intención moral está necesariamente vinculada con una consciencia de que la voluntad se vea determinada inmediatamente por la ley.

Ahora bien, la consciencia de una determinación de la capacidad desiderativa supone siempre el fundamento de una complacencia en la acción que es producida por ello; pero este placer, esa complacencia en sí misma, no es el fundamento que determina la acción, sino que, bien al contrario, esa determinación de la voluntad efectuada simple e inmediatamente por la razón constituye el fundamento del sentimiento de placer, con lo cual esa determinación de la capacidad desiderativa sigue siendo puramente práctica y no es estética. Como esta determinación surte internamente el mismo efecto de un impulso a la actividad, tal como hubiera hecho un sentimiento del agrado que era esperado a partir de la acción apetecida, tendemos con suma facilidad a confundir cuanto hacemos con aquello que simplemente sentimos pasionalmente y tomamos \ al móvil moral por un impulso<Ak. V, 117> sensible, como suele suceder en la llamada «ilusión de los sentidos» (aquí del sentido interno).


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