Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica El que las acciones queden inmediatamente determinadas por una ley racional pura constituye un rasgo muy sublime de la naturaleza humana, aun cuando comparezca la ilusión de tomar por algo estético, cual si fuera un efecto de un peculiar sentimiento sensible (pues un sentimiento intelectual supondría una contradicción), al elemento subjetivo de esa determinabilidad intelectual de la voluntad. También es de suma importancia prestar I atención a ese atributo[A 211] de nuestra personalidad y cultivar lo mejor posible el efecto de la razón sobre tal sentimiento. Mas igualmente ha de ponerse cuidado en que, al encomiar en cuanto móvil este postizo fundamento moral de determinación, colocándole como fundamentos sentimientos de júbilos particulares (que sin embargo sólo son consecuencias), desprestigiemos y desfiguremos en cierto modo como mediante un falso relieve[146] a ese genuino móvil por antonomasia que supone la propia ley moral. El respeto, tan ajeno al deleite o al disfrute de la felicidad, es algo para lo cual no es posible colocar como fundamento de la razón ningún sentimiento que vaya por delante (pues tal sentimiento sería estético y patológico) y ese respeto, como consciencia de la inmediata coacción ejercida por la ley sobre la voluntad, casi constituye un análogo del sentimiento relativo al placer, por cuanto surte un efecto similar en relación a la capacidad desiderativa, si bien lo haga a partir de muy otras fuentes; pero únicamente merced a ese modo de representación puede conseguirse lo que se busca, a saber, que las acciones no tengan lugar simplemente conforme al deber (en pos de sentimientos gratificantes), sino por mor del deber, lo cual ha de constituir el auténtico fin de cualquier configuración moral.