Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Mas ¿acaso no se ha señalado una palabra que designe, no un disfrute como el de la felicidad, pero sí un encontrarse a gusto con su existencia, un análogo de la felicidad que ha de acompañar necesariamente I[A 212] a la consciencia de la virtud? ¡Claro que sí! Esa palabra es «autosatisfaction», esto es, el hallarse contento con uno mismo, la cual en sentido estricto siempre alude tan sólo a una complacencia negativa con su existencia, donde uno es consciente de no necesitar nada.
La libertad y el cobrar consciencia de ella como de una capacidad para seguir la ley moral con intención preponderante suponen una independencia de las inclinaciones, cuando menos en cuanto motivaciones determinantes (aunque no afectivas) de nuestro deseo, y, en tanto que me hago consciente de las mismas al seguir mis máximas morales, suponen asimismo la única fuente ligada necesariamente con ese \ imperturbable<Ak. V, 118> contento que no descansa sobre ningún sentimiento particular y puede ser tildado de intelectual.
El contento estético (al cual se le llama impropiamente así), que se basa en la satisfacción de las inclinaciones, por muy refinadas que se imaginen éstas, jamás puede resultar adecuado a lo que uno piense al respecto. Pues las inclinaciones cambian, crecen con el favor que uno les dispensa y siempre dejan el poso de un vacío aún mayor del que se pretendía colmar.