CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica De ahà que siempre resulten onerosas para un ente racional y, aunque no pueda deshacerse de ellas, sà le imponen el deseo de verse libre de las mismas. Es más, una inclinación hacia lo que sea conforme al deber (como la beneficencia) puede facilitar sobremanera la eficacia de las I máximas morales, mas no producir[A 213] ninguna. Pues en una máxima moral todo tiene que apuntar a la representación de la ley como fundamento determinante, si la acción debe entrañar no simple legalidad, sino también moralidad. La inclinación es ciega y servil, sea o no de buena Ãndole, y la razón, dentro del ámbito moral, no tiene que oficiar como un simple tutor suyo, sino más bien ignorarla y velar únicamente por su propio interés en cuanto razón pura práctica. Incluso el sentimiento de la compasión y la simpatÃa llena de ternura, cuando anteceden a la reflexión sobre qué sea el deber y se vuelven fundamento de determinación, resultan onerosos para los bienpensantes, sumen en la confusión a sus meditadas máximas y suscitan el deseo de verse libre de tal cosa, para someterse únicamente a la razón legisladora.