Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Todo ello permite comprender cómo la consciencia de esa capacidad de una razón pura práctica pueda producir, merced a un hecho (la virtud), una consciencia de supremacía sobre sus inclinaciones y, con ello, una consciencia de independencia respecto de ellas e igualmente del descontento que siempre las acompaña, pudiendo por lo tanto generar un bienestar negativo con su estado, es decir, un contento que en su fuente es una satisfacción con la propia persona. La propia libertad se hace de este modo (o sea,[A 214] indirectamente) susceptible de un disfrute, I que no puede llamarse «felicidad», al no depender del positivo concurso de un sentimiento, mas tampoco exactamente «bienaventuranza», dado que no entraña una plena independencia de las menesterosidades e inclinaciones, si bien sí se asemeja con la última en que cuando menos su determinación volitiva puede mantenerse libre del influjo de las inclinaciones y, por lo tanto, cuando menos según su origen, dicho disfrute resulta análogo a ese autárquico contento de sí mismo que sólo cabe atribuir al ser supremo. \