Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Es más, incluso existe un tipo de felicidad que, lejos de ser un regalo concedido caprichosamente por la fortuna, sólo puede reportarnos el cumplimiento del deber y por lo tanto depende únicamente de nosotros mismos. En este sentido, en la Crítica de la razón práctica Kant plantea un crucial interrogante que se responde a renglón seguido: «¿acaso no hay una palabra que designe, no un disfrute como el de la felicidad, pero sí un encontrarse a gusto con la existencia, un análogo de la felicidad que ha de acompañar necesariamente al ser consciente de la virtud? ¡Claro que sí! Esa palabra es “autosatisfacción”, esto es, el hallarse contento con uno mismo» (A 211-212). Ahora bien, Kant insiste hasta la saciedad en que semejante «recompensa o salario de la virtud» no puede ser confundido con el motivo del obrar moral, sino que se trata de una consecuencia necesaria del mismo[49]. «El eudemonismo se mueve, pues, en un estéril círculo vicioso donde se toma por causa del comportamiento lo que sólo es una consecuencia o corolario suyo[50]».