Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Casi podría parecer como si esta creencia racional se anunciase aquí mismo cual un mandato: admitir el sumo bien como algo posible. Mas una creencia que se ordena supone un absurdo. Sin embargo, quien recuerde la anterior exposición sobre lo que se requiere aceptar en el concepto del sumo bien advertirá que admitir esa posibilidad no puede verse ordenado en modo alguno y que ninguna intencionalidad práctica exige asumirla, sino que la razón especulativa había de convenir en ello sin requerimiento alguno; porque nadie puede querer afirmar que sea imposible de suyo la conjunción entre una dignidad de ser feliz, que los entes racionales en el mundo conquistan al adecuarse a la ley moral, y una tenencia proporcional de tal felicidad. Ahora bien, con respecto al primer elemento del sumo bien, a propósito de la moralidad, la ley moral nos da simplemente un mandato, y cuestionar la posibilidad de aquel ingrediente sería tanto como poner en duda la propia ley moral. Mas por lo que atañe al segundo elemento de aquel objeto, a saber, la felicidad convenientemente proporcional a esa dignidad, no está ciertamente necesitado de un mandato para conceder su posibilidad en general, pues la ra[A 261]zón teórica misma no tiene nada en contra; sólo I el modo relativo a cómo debemos pensarnos una armo<Ak. V, 145>nía semejante entre las leyes de la naturaleza \ y las de la libertad entraña algo sobre lo cual nos corresponde una elección, ya que sobre este particular la razón teórica no decide nada con certeza apodictica y a ese respecto cabe aportar un interés moral que haga inclinar la balanza.