Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Yo había dicho más arriba que, con arreglo a un simple decurso natural en el mundo, no cabe esperar la felicidad exactamente proporcional al valor moral, sino que más bien tal cosa ha de tenerse por imposible y que, por lo tanto, la posibilidad del sumo bien por este lado sólo puede verse asumida bajo el presupuesto de un autor moral del mundo. Me abstuve deliberadamente de restringir este juicio a las condiciones subjetivas de nuestra razón, para hacer uso de tal restricción más adelante, cuando debiera verse determinado con mayor precisión el modo de su asentimiento. De hecho, esta llamada imposibilidad es simplemente subjetiva, o sea, que nuestra razón encuentra imposible para ella hacer concebible, según un simple decurso natural, una conexión tan exactamente adecuada y metódica entre dos acontecimientos que tienen lugar con arreglo a leyes tan diversas; si bien la razón, como sucede con todo cuanto resulta conforme a un fin en la naturaleza, tampoco puede demostrar su imposibilidad I con arreglo a leyes universales[A 262] de la naturaleza, es decir, no puede probar con suficiencia esa imposibilidad en base a razones objetivas.