Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica [A 282] Veamos ahora mediante un ejemplo si, al representarnos una acción como noble y generosa, un móvil tiene mayor fuerza motriz que cuando esa acción es representada simplemente como deber en relación con la solemne ley moral. La acción de alguien que, arriesgándose enormemente, intenta salvar a las víctimas de un naufragio y finalmente sacrifica con ello su propia vida, se adscribe por una parte al deber, mas por otra y en mucha mayor medida es tenida por una acción meritoria; sin embargo, nuestra estimación de la misma queda muy debilitada por verse aquí muy menoscabado el concepto del deber para con uno mismo. Más decisivo es el generoso sacrificio de su vida por la patria y, pese a todo, la cuestión de si constituye un deber tan perfecto el consagrarse voluntariamente a este propósito, sin que a uno se lo ordenen, suscita ciertos escrúpulos al respecto, hasta el punto de no comportar toda la fuerza de un modelo ni el estímulo para su emulación. Pero si se trata de un deber indispensable, cuya transgresión vulnera la ley moral en sí misma sin atender al provecho humano y pisotea su santidad (tales deberes suelen llamarse deberes para con Dios, porque nosotros sustanciamos en él el ideal de santidad), entonces consagramos a su cumplimiento la más perfecta estimación, sacrificando cuanto sólo pueda I tener siempre algún valor para[A 283] la más íntima de todas nuestras inclinaciones, con lo cual encontramos nuestra alma fortalecida y elevada gracias a un ejemplo semejante, cuando podemos convencernos gracias al mismo de que la naturaleza humana, pese a todos los móviles que pueda presentar la naturaleza en sentido contrario, es capaz de alcanzar tan gran enaltecimiento sobreponiéndose a tales móviles. Juvenal presenta un ejemplo semejante con una graduación que hace sentir vivamente al lector esa fuerza del móvil inserto en la pura ley del deber: