CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica Esto bonus miles, tutor bonus, arbiter idem<Ak. V, 159>
Integer; ambiguae si quando citabere testis \
Incertaeque rei, Phalaris licet imperet, ut sis
Falsus, et admoto dictet periuria tauro;
Summum crede nefas animam praeferre pudori,
Et propter vitam vivendi perdere causas[156].
Cuando podemos entregar a nuestras acciones algo de lo lisonjero del mérito, entonces el móvil ya queda algo entremezclado con el amor propio y, por lo tanto, cuenta con alguna ayuda del lado de la sensibilidad. Pero subordinarlo todo únicamente a la santidad del deber y cobrar consciencia de que «uno puede hacerlo», porque nuestra propia razón reconoce tal cosa como su mandato y sentencia que «uno debe hacerlo», eso significa —por decirlo as× elevarse por encima del propio mundo sensible, y está inseparablemente vinculado con esa misma consciencia de la ley en cuanto[A 284] móvil para una capacidad que domina la sensibilidad, I aun cuando no siempre tenga efecto; sin embargo, el ocuparse frecuentemente con ese móvil y los ensayos de su uso, por parcos que sean en un comienzo, nos proporciona la esperanza de su consecución, alumbrando paulatinamente en nosotros el mayor interés, si bien puramente moral, por su realización.