Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica [33] «Todo hombre se encuentra en su razón con la idea del deber y se estremece al escuchar su voz inflexible en cuanto se hacen sentir las inclinaciones que le tientan a desobedecerla. Se halla convencido de que, aun cuando estas últimas se coaliguen para conspirar contra aquélla, la majestad de aquella ley que le prescribe su propia razón las dominará sin vacilar, saliendo así fortalecida su voluntad. ¿Qué es eso que hay en mí, capaz de hacer que pueda sacrificar los más sugestivos redamos de mis instintos, así como todo deseo que tenga origen en mi naturaleza, en aras de una ley que no me promete ningún beneficio y cuya transgresión no entraña perjuicio alguno? Esta pregunta embarga el ánimo de admiración hacia la grandeza y sublimidad de esta disposición interna alojada en la humanidad, así como hacia la impenetrabilidad del enigma que la recubre; pues responder: “se trata de la libertad”, sería caer en una tautología, dado que ésta representa el misterio mismo» (Acerca de un tono exaltado que recientemente se alza en filosofía, Ak. VIII, 402-403; la traducción es mía). <<
[34] Cf. Javier Muguerza, «Kant y el sueño de la razón», en Carlos Thiebaut (ed.), La herencia ética de la Ilustración, Crítica, Barcelona, 1991, pp. 19-20. <<