CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica En pos del rigor de su exposición, Kant decide sacrificar la elegancia del estilo a una precisión conceptual que le hace ir intercalando nuevas ideas a cada paso, con lo que los párrafos crecen desaforadamente y las frases van llenándose de interpolaciones que, a su vez, están salpicadas de paréntesis. A uno le da una especie de «hipo visual», cuando recorre con sus ojos el texto. Por supuesto, no se trata de reescribir el texto, ni de nada parecido. Ahora bien, el reto es no dejar el texto en alemán con vocablos españoles, sino verterlo al castellano diciendo lo mismo que allà se dice, aunque con otras reglas de juego sintáctico.
Pedro Ribas expresa muy bien cuál ha sido el objetivo perseguido aquÃ: «he intentado —dice a propósito de su propio trabajo— conjugar la fidelidad al texto de Kant con las exigencias que lleva consigo el escribir en castellano. La literalidad de la traducción no es entendida, por lo tanto, en el sentido de transcribir con palabras castellanas la sintaxis alemana, como le ocurre con frecuencia a la versión de Morente[93]». Lejos de suponer una traición, conseguir que se lea con cierta soltura en castellano el texto de Kant constituye la única y genuina misión del traductor. Siempre que sea fiel a su espÃritu, no importa que no lo sea tanto a la letra o, en todo caso, como querÃa Kant para con la ley moral, es mucho más importante satisfacer el primer objetivo que atender simplemente al segundo.