Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Para quien realiza una traducción, el texto ha de ser algo así como una partitura musical, y su particular interpretación de la misma sólo debe aspirar a ser fiel al espíritu del autor, aun cuando no pueda evitar imprimirle su propio aire. Al público le corresponde aplaudir o abuchear su trabajo, y aquí habrán de ser los lectores quienes juzguen si uno ha logrado acercarse algo a la meta que se había fijado, a saber: transcribir en castellano el discurso de Kant y permitir que se lea con agilidad sin atentar en modo alguno contra su sentido.