CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica Tal es la justificación de que, a lo largo de la presente obra, sean examinados otra vez en algún momento esos conceptos y principios de la razón pura especulativa que ya han experimentado su crÃtica particular, siendo esto algo que, si bien no le conviene al proceso sistemático de una ciencia en constitución (en la que las cosas cabalmente sentenciadas sólo deben ser mencionadas sin recalar de nuevo en ellas), sà resultaba lÃcito e incluso preciso hacer aquÃ, porque la razón es ahora considerada en tránsito hacia un uso de tales conceptos[A 12] completamente distinto del que hacÃa allÃ. Y I semejante tránsito hace necesaria una comparación del viejo uso con el nuevo, a fin de distinguir bien la nueva vÃa de la precedente y recalcar al mismo tiempo su continuidad. Asà pues, las consideraciones de esta Ãndole, particularmente aquellas que se hallan orientadas al concepto de libertad, mas en el uso práctico de la razón pura, no deben ser entendidas como añadidos que sólo sirven para rellenar los huecos del sistema crÃtico de la razón especulativa (pues éste se halla completo por cuanto concierne a su propósito), a guisa de puntales y contrafuertes que vienen a sustentar un edificio construido con cierta precipitación, sino como auténticos eslabones que evidencian la trabazón del sistema y nos permiten comprender en su actual presentación real conceptos que allà eran presentados sólo problemáticamente. Esta advertencia atañe muy especialmente al concepto de libertad, respecto del cual cabe observar con extrañeza que sean tantos quienes se vanaglorien de comprenderlo muy bien y poder explicar su posibilidad ciñéndose a una perspectiva meramente psicológica, siendo asà que, si lo hubieran ponderado previamente desde un punto de vista transcendental, habrÃan reconocido su indispensabilidad como concepto problemático en el cabal uso de la razón especulativa, I asà como[A 13] su plena incomprensibilidad, y cuando luego hubieran llegado con él al uso práctico tendrÃan que haber procedido a determinarlo por sà mismos en vista de sus principios, por muy ingrato que les resulte reconocerlo asÃ. El concepto de libertad constituye la piedra de escándalo para todos los empiristas, pero supone también la clave de los principios prácticos más sublimes para los moralistas crÃticos, que \ gracias a ello se percatan de cuán<Ak. V, 8> necesario es proceder de un modo racional. Por eso ruego al lector que no pase distraÃdamente sus ojos por cuanto se dice al final de la AnalÃtica sobre dicho concepto.