CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica Si se acepta que la razón pura pueda entrañar de suyo un fundamento práctico, esto es, que baste para de[A 36] terminar I a la voluntad, entonces hay cabida para las leyes prácticas; de no ser asÃ, todos los principios prácticos quedarán convertidos en simples máximas. En una voluntad afectada patológicamente[116] puede darse un conflicto entre las máximas y las leyes prácticas que un ente racional reconoce como tales. Alguien puede por ejemplo adoptar la máxima de vengar cualquier ofensa que se le inflija y comprender al mismo tiempo que tal cosa no constituye ninguna ley práctica, sino únicamente una máxima que ha hecho suya y que, bien al contrario, en cuanto regla válida para todo ente racional no podrÃa llegar a concordar consigo misma dentro de una y la misma máxima. En el ámbito del conocimiento natural los principios relativos a lo que acaece (v. g., el principio de la igualdad entre acción y reacción al comunicarse un movimiento) constituyen asimismo leyes de la propia<Ak. V, 20> naturaleza, pues el uso \ de la razón es allà teórico y se ve determinado por la Ãndole del objeto. Dentro del conocimiento práctico (el cual se ciñe únicamente a los fundamentos que determinan la voluntad) los principios que uno erige como tales no son por ello leyes bajo las cuales quede inevitablemente sometido, porque la razón en su uso práctico ha de vérselas con el sujeto, es decir, con esa capacidad desiderativa conforme a cuya idiosincrática Ãndole cabe orientar la regla del modo más diverso.