Fundamentación de la metafísica de las costumbres

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Esta visión revolucionaria de la ética se la inspiró la lectura de Rousseau. Kant era por vocación un teórico. Pero, según nos testimonia, aquella lectura lo cambió:

Yo soy, por inclinación, un investigador. Me consume una ardiente sed de saber, me acucia el afán de aumentarlo y cualquier avance en el mismo me produce satisfacción. Hubo un tiempo en que estaba convencido de que eso constituye el honor de la humanidad, y despreciaba a la gente ignorante. Pero Rousseau me abrió los ojos al respecto, y este ciego prejuicio se esfumó. He aprendido a honrar a la humanidad, y me tendría a mí mismo por menos útil que cualquier común trabajador si no creyese que mi labor puede ayudar a otros a tomar conciencia de los derechos de la humanidad[1].

Juan Jacobo Rousseau (1712-1778), rebelde y apasionado amante de la naturaleza y de la libertad, escribió, entre otros muchos libros, el Contrato social y el Emilio. La lectura de ambas obras influyo hondamente en Kant, que cambió desde entonces su elitismo intelectualista por la filantropía y la valoración del hombre corriente. A esa lectura le debe el filósofo alemán la idea de autonomía, que es clave en su ética. Retrato del siglo XIX. © Biblioteca de la Universidad de Praga.

Rousseau dejó escrito en el capítulo octavo del libro I del Contrato social que:


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