Fundamentación de la metafísica de las costumbres
Fundamentación de la metafísica de las costumbres Tras largos años de cavilaciones y un silencio de diez, mientras terminaba de rumiar el impacto que produjeron en el suyo el pensamiento escéptico de Hume y la rebelde moral de Rousseau, Kant sorprendió a sus contemporáneos con la publicación en 1781 de su Crítica de la razón pura, que proponía una inversión alucinante en filosofía teórica, alegando que nuestra mente le impone tales condiciones subjetivas a lo que conoce que si bien podemos fiarnos de ella en lo que concierne a las leyes de la física de Newton, no podemos hacerlo en lo que toca a la metafísica, ciencia ésta que quedó herida de muerte desde entonces. En la introducción a dicha obra escribió Kant que su nuevo pensamiento, estimulado por la lectura de Hume, desencadenaba en la filosofía hasta entonces cultivada un giro copernicano, pues así como tuvo Copérnico la audacia de imaginar y establecer que el Sol no gira en torno a la Tierra, sino la Tierra en torno al Sol, así pretendía el filósofo de Königsberg establecer que en el ejercicio de nuestra función de conocer no son los objetos conocidos los que dan la pauta al sujeto del conocimiento, sino éste el que los conforma y modela a ellos. A esto alude entre otras cosas la difícil palabra «trascendental» con que él calificó en general a su filosofía y en esto consistió, dicho sumarísimamente, la revolución teórica de su pensamiento.