Fundamentación de la metafísica de las costumbres
Fundamentación de la metafísica de las costumbres Si, pues, se supone libertad de la voluntad, se sigue la moralidad, con su principio, por mero análisis de su concepto. Sin embargo, sigue siendo este principio una proposición sintética: Una voluntad absolutamente buena es aquélla cuya máxima puede siempre tener como contenido a ella misma considerada como ley universal; pues por medio de un análisis del concepto de una voluntad absolutamente buena no puede ser hallada esa propiedad de la máxima. Mas semejantes proposiciones sintéticas sólo son posibles porque los dos conocimientos[3] estén enlazados uno con otro por su enlace con un tercero, en el cual por ambas partes se encuentren. El concepto positivo de la libertad crea ese tercero, que no puede ser, como en las causas físicas, la naturaleza del mundo sensible (en cuyo concepto vienen a juntarse los conceptos de algo, como causa, en relación con otra cosa, como efecto). Pero aquí no puede manifestarse enseguida[4] qué sea ese tercero, al que la libertad señala y del que tenemos a priori una idea, y tampoco puede aún hacerse comprensible la deducción del concepto de libertad sacándolo de la razón pura práctica, y con ella la posibilidad también de un imperativo categórico; para ello hace falta todavía alguna preparación.
LA LIBERTAD COMO PROPIEDAD DE LA VOLUNTAD DEBE SER PRESUPUESTA EN TODOS LOS SERES RACIONALES
[La libertad como presupuesto necesario] >>