Fundamentación de la metafísica de las costumbres
Fundamentación de la metafísica de las costumbres Según esta perspectiva, la libertad consistiría en hacer el bien por deber, de manera que nuestra voluntad es tanto más libre cuanto más se someta a la ley moral. Pero si la libertad es exactamente coextensiva con nuestra buena conducta, entonces ¿cómo se explica la mala? Si se afirma que el hombre sólo es libre cuando hace el bien, la lógica nos obligará a reconocer, por contraposición, que cuando desoímos la llamada del deber y nos dejamos llevar por nuestras inclinaciones no somos libres. Como ha advertido Sidgwick, Kant sale de este atolladero usando, sin haberlo definido antes, otro concepto de libertad. Junto a la que él define expresamente en el pasaje que acabo de reproducir, el autor de la Fundamentación no tiene más remedio que admitir tácitamente una segunda libertad —que Sigdwick llama «neutral»— por virtud de la cual el hombre es igual de libre al obrar bien que al obrar mal. Si no se tuviera de alguna manera en mente este segundo concepto de libertad, carecería de sentido el hecho de que varios de los ejemplos de acto libre analizados en la Fundamentación sean casos moralmente negativos, como la mentira o el incumplimiento de promesas. Muchos años más tarde Kant introdujo en la Metafísica de las costumbres la distinción entre voluntad (Wille) y «libre arbitrio» (Willkür), que resuelve esta dificultad.