Fundamentación de la metafÃsica de las costumbres
Fundamentación de la metafÃsica de las costumbres No es, sin embargo, fácil seguir el argumento de Kant. Su razonamiento parece sostener que si la máxima de una acción moralmente buena es una máxima formal (no una máxima material que satisface los propios deseos), tiene que ser una máxima de actuar razonablemente —esto es, actuar de acuerdo con una ley que sea válida para todos los seres racionales como tales con independencia de sus particulares deseos—. Debido a nuestra humana debilidad, una ley asà debe aparecérsenos como una ley del deber, una ley que ordena o impone la obediencia. Una ley semejante, considerada como impuesta sobre nosotros, debe provocar un sentimiento análogo al temor. Pero considerada, por otra parte, como una ley auto-impuesta (dado que nos es exigida por nuestra propia naturaleza racional), debe provocar un sentimiento análogo a la inclinación o atracción. Este sentimiento complejo es el respeto (o la reverencia) —un sentimiento único— provocado, no por ningún estÃmulo de los sentidos, sino por el pensamiento de que mi voluntad está subordinada a esa ley universal con independencia de cualquier influencia de los sentidos. En la medida en que el motivo de una buena acción tiene que encontrarse en el sentimiento, debemos decir que una acción moralmente buena es la que se ejecuta por respeto a la ley, y que es esta caracterÃstica lo que la da a la acción su valor único e incondicionado.
[Págs. 81-83: El imperativo categórico]