Fundamentación de la metafÃsica de las costumbres
Fundamentación de la metafÃsica de las costumbres Puede resultar un tipo muy extraño de ley aquélla a la que el hombre bueno está supuestamente obligado a respetar y obedecer. Es una ley que no depende de nuestro deseo de unas consecuencias particulares y que ni siquiera prescribe por sà misma ninguna acción particular: todo lo que impone sobre nosotros es una obligatoriedad legal por sà misma —«la conformidad de las acciones con la ley universal como tal»—. Esta concepción les puede resultar a muchos vacÃa, cuando no rechazable, y con ella pasamos efectivamente de los juicios morales ordinarios a la cima realmente más alta de la abstracción filosófica —a la forma común de toda moralidad genuina—, cualquiera que ésta pueda ser. Y sin embargo, ¿no está Kant limitándose meramente a decir lo mÃnimo que puede y debe decirse acerca de la moralidad? Un hombre es moralmente bueno, no cuando busca satisfacer sus propios deseos o conseguir su propia felicidad (aun cuando pueda hacer ambas cosas), sino cuando se propone obedecer una ley válida para todos los hombres y seguir un determinado estándar que no ha sido determinado por sus propios deseos.