Fundamentación de la metafísica de las costumbres
Fundamentación de la metafísica de las costumbres El establecimiento de la segunda premisa (la que conecta libertad y moralidad) parece, a primera vista, menos complicado. Kant emprende la caza de un concepto de libertad que no sea meramente negativo, sino de alguna manera positivo[52]. Instalado en el ámbito de la razón práctica, su audaz propósito es aventurarse allende los límites de la teoría (pues la razón teórica, no lo olvidemos, sólo puede limitarse a expedirle a dicho concepto de libertad un certificado de mera posibilidad o no contradictoriedad, sin poder otorgarle ni un solo átomo de validez real). Y con este propósito el autor de la Fundamentación empieza por decirnos, hablando hipotéticamente, que si «la voluntad es una especie de causalidad de los seres vivos en cuanto que son racionales, la libertad sería [el subrayado es mío] la propiedad de esta causalidad por la cual puede ser eficiente»[53], de modo que en cuanto se pudiera dar por supuesta dicha propiedad le sería automáticamente atribuible a esa voluntad la nota de moralidad:
Si, pues, se supone libertad de la voluntad, se sigue la moralidad, con su principio, por mero análisis de su concepto [los subrayados son míos].[54]