Historia natural y teoria general del cielo

Historia natural y teoria general del cielo

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Pero para comparar los planetas entre sí con respecto a sus masas, destacamos en primer lugar que de acuerdo al género de formación que hemos demostrado, la cantidad de materia que entra en la composición de un planeta, depende principalmente del grado de su distancia del sol; 1) porque el sol con su propia atracción limita la esfera de atracción de un planeta, pero en igualdad de circunstancias limita menos las esferas de atracción de los planetas lejanos que las de los cercanos; 2) porque los círculos en los cuales han sido juntadas las partículas para la formación de un planeta más alejado, han sido descriptos con un radio mayor, por lo cual abarcan más materia elemental que los círculos más pequeños; 3) porque por este mismo motivo, la anchura entre los dos planos de la máxima desviación con la misma cantidad de grados es más grande en una mayor distancia que en una menor. Por otra parte, esta ventaja que tienen los planetas más alejados sobre los más cercanos es reducida por el hecho que las partículas más cercanas del sol son más densas y, según toda apariencia, menos dispersa que las que se hallan a mayor distancia. Pero es fácil calcular que aquellas ventajas para la formación de grandes masas son muy superiores a estas limitaciones y que, en general, los planetas que se forman a mucha distancia del sol, deben reunir mayor cantidad de materia que los cercanos. Todo ello ocurre siempre que se da por establecido que la formación de planetas se realice únicamente en presencia del sol; pero cuando se forman varios planetas en distintas distancias, cada uno de ellos ha de limitar por su propia fuerza de atracción la esfera de atracción de otro, con lo cual se establece una excepción a la ley mencionada. Porque aquel planeta que se halla cerca de otro de considerable masa, ha de perder mucho de su zona de formación y ha de ser, por consiguiente, incomparablemente más pequeño de lo que su sola distancia del sol exigiría. Por lo tanto, aunque en términos generales, los planetas son de mayor masa cuanto más se alejan del sol —siendo Saturno y Júpiter, piezas principales de nuestro sistema, los más grandes porque se hallan a mayor distancia del sol—, encontramos excepciones de esta analogía, pero trasluciendo en ellas siempre la característica de la formación general que pretendemos establecer para los cuerpos siderales: a saber que un planeta de destacada magnitud les quita a sus vecinos a ambos lados de la masa que les correspondería de acuerdo a su distancia del sol, apropiándose una parte de las materias que deberían entrar en la formación de ellos. En efecto, Marte que debido a su lugar debería ser más grande que la Tierra, ha perdido parte de su masa por la fuerza de atracción de su gran vecino Júpiter; y el mismo Saturno, tan aventajado con respecto a Marte por su altura, no ha podido librarse totalmente de sufrir una merma considerable por la atracción de Júpiter, y me parece que Mercurio debe la excepcional pequeñez de su masa no sólo a la atracción del sol, tan cercano y poderoso, sino también a la vecindad de Venus que ha de ser un planeta de considerable masa, comparando su probable densidad con su magnitud.


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