Historia natural y teoria general del cielo
Historia natural y teoria general del cielo De acuerdo a estos argumentos, los diámetros de Saturno deberÃan estar en una relación aún mayor que la de 20 a 32; deberÃan acercarse casi a la proporción de 1 a 2, diferencia que es tan grande que por más pequeño que aparezca Saturno en los telescopios, un mÃnimo de atención no dejarÃa de observarla. Pero todo ello sólo demuestra que la premisa de la densidad uniforme que con respecto al cuerpo terrestre parece bastante exacta, en el caso de Saturno dista demasiado de la verdad, lo que de por sà es probable en un planeta cuyo conglomerado consiste en la mayor parte de su contenido de los materiales más livianos y que, antes de llegar al estado de solidez, permite a las materias más pesadas que entran en su composición, una caÃda hacia el centro de acuerdo a su peso con mucho mayor libertad que aquellos cuerpos siderales cuya materia más densa retarda el hundimiento de las materias y las solidifica antes de que se hundan. Suponiendo pues que en Saturno la densidad de sus materias aumenta a medida que se aproxima al centro, la gravedad ya no decrece en la misma proporción, sino el aumento de densidad reemplaza la falta de aquellas partes que están colocadas por encima de la altura del punto ubicado en el planeta y que no contribuyen por su atracción a su gravedad[2]. Si esta densidad preponderante de los materiales más profundos es muy grande, transforma, gracias a las leyes de la atracción, la gravedad que en el interior y hacia el centro disminuye fuerza y aproxima la relación de los diámetros a la establecida por Huygens que es siempre la mitad de la relación entre la fuerza centrÃfuga y la gravedad. Por consiguiente, como ellas estaban en proporción de 2 a 3, la diferencia de los diámetros de este planeta no será 1/3, sino 1/6 del diámetro ecuatorial. Esta diferencia es además ocultada por el hecho de que Saturno, cuyo eje forma en el plano de su órbita en todo momento un ángulo de 31 grados, no ofrece nunca, como ocurre en Júpiter, la posición directa de su eje hacÃa el ecuador, reduciéndose asà aparentemente la diferencia anterior en casi la tercera parte. En vista de estas condiciones y principalmente de la gran distancia de este planeta es fácil considerar que la forma achatada de su esfera no ha de presentarse al ojo tan fácilmente como podrÃa suponerse. Sin embargo, la astronomÃa, cuyas observaciones dependen más que todo de la perfección de los instrumentos, estará tal vez capacitada con la ayuda de éstos, si mi previsión no es demasiado halagüeña, para alcanzar el descubrimiento de unas caracterÃsticas tan extrañas.