Historia natural y teoria general del cielo
Historia natural y teoria general del cielo Si el sol, o los soles en general, son globos ardientes, la primera característica de su superficie que se puede derivar de este hecho, es que en ellas debe existir el aire, puesto que sin aire no arde ningún fuego. Esta circunstancia da motivo a notables conclusiones. Pues poniendo primero la atmósfera del sol y su peso en relación al conglomerado del sol, ¿en qué grado de compresión no estará este aire, y cuánto poder no tendrá precisamente por ello para mantener con su fuerza elástica los más violentos grados del fuego? En esta atmósfera se levantan también, según puede suponerse, las columnas de humo de las materias disueltas por la llama, las que sin ninguna duda abarcan una mezcla de partículas gruesas y más livianas que, levantadas a una altura en que reina un aire que para ellas es fresco, se precipitan en pesadas lluvias de brea y azufre, dando nuevo alimento a la llama. Esta misma atmósfera por causas iguales que la de nuestra tierra, no se halla libre de los movimientos de los vientos que según toda apariencia deben superar en violencia cualquier grado que la imaginación pueda representarse. Cuando alguna zona en la superficie del sol, sea a causa de la fuerza asfixiante de los vapores que estallan, sea por una escasa afluencia de materias combustibles ve reducida la violencia de las llamas, el aire que se halla encima de ella se enfría algo y al contraerse permite al aire de la zona vecina a penetrar en su espacio con una fuerza correspondiente al exceso de su tensión, reavivando así la llama extinguida.