Historia natural y teoria general del cielo
Historia natural y teoria general del cielo Más aún que en todas estas analogías se muestra el más evidente indicio de la mano de la naturaleza en la falta de la más exacta determinación en aquellas condiciones que había tratado de alcanzar. Si lo mejor fuese que las órbitas planetarias estuviesen ubicadas casi sobre un plano común, ¿por qué no lo son con absoluta exactitud? ¿Y por qué quedó una parte de aquella desviación que ha debido ser evitada? Si los planetas cercanos a la órbita del Sol han recibido la cantidad de impulso necesario para equilibrar la atracción, ¿por qué falta algo a esta perfecta igualdad? ¿Y por qué no son perfectamente circulares sus órbitas, si sólo el más sabio designio, apoyado por el máximo poder, ha tratado de producir esta determinación? ¿No se ve claramente que aquella causa que ha fijado las órbitas de los cuerpos siderales al tratar de ubicarlas sobre un plano común, no ha podido alcanzarlo completamente, y también que la fuerza que dominaba en todo el espacio celeste cuando toda la materia formada ahora en globos recibía su velocidad giratoria, ha tratado cerca del centro de equilibrarla con la atracción, pero no ha podido alcanzar la perfecta exactitud? ¿No se conoce en ello el procedimiento ordinario de la naturaleza que la intervención de variadas cooperaciones siempre es desviado de la determinación exactamente medida?; ¿y se encontrarán únicamente en los designios finales de la suprema voluntad que lo manda así inmediatamente, las causas de este estado de cosas? Sin demostrar obstinación no se puede negar que la famosa explicación según la cual las calidades naturales indican los motivos por medio de los beneficios que de ellas se derivan, no cumple en este caso la prueba esperada. En relación al beneficio que de ello tendría el mundo, era por cierto indiferente del todo si las órbitas planetarias son perfectamente circulares o si son un poco excéntricas; si coinciden totalmente con el plano de sus relaciones generales o si se desvían un poco de él; pero si era necesario estar limitado a esta clase de coincidencias, era mejor atenerse a ellas por completo. Si es verdad lo que dice el filósofo, de que Dios hace constantemente geometría, y si ello trasluce también en las vías de las leyes generales de la naturaleza, esta regla tendría que ser perceptible perfectamente en las obras inmediatas del Verbo todopoderoso y estas ostentarían toda la perfección y la exactitud geométrica. Los cometas pertenecen también a estos defectos de la naturaleza. No se puede negar que en vista de sus órbitas y las transformaciones que por ellas sufren, se los ha de considerar como miembros imperfectos de la creación que ni pueden servir para dar residencias cómodas a seres razonables ni pueden ser útiles al beneficio de todo el sistema sirviendo alguna vez, de alimento al sol, porque es cierto que la mayoría de ellos no alcanzaría este fin antes del derrumbe de todo el edificio planetario. En la teoría del inmediato ordenamiento supremo del mundo sin desarrollo natural por medio de leyes generales de la naturaleza, esta observación sería chocante aun cuando es cierta. Mas en una teoría mecánica contribuye no poco para hacer resaltar la belleza del mundo y la manifestación de la omnipotencia. Al abarcar todos los posibles grados de variedad, la naturaleza extiende su voluntad sobre todas las especies desde la perfección hasta la nada, y los mismos defectos son un indicio de la abundancia de la que su esencia es inagotable.