Historia natural y teoria general del cielo
Historia natural y teoria general del cielo La certeza de una teorÃa mecánica sobre el origen del edificio mundial y principalmente del nuestro, es llevada al más alto grado de la convicción si se considera la formación de los cuerpos siderales mismos, la importancia y la magnitud de sus masas de acuerdo a las condiciones que tienen en vista de su distancia del centro de gravitación. Porque la densidad de su materia, considerándola en la totalidad de su conglomerado, va disminuyendo en grados constantes con las distancias del sol: determinación que señala tan claramente las determinaciones mecánicas de la primera formación que ya no se puede pedir más. Están compuestos de materias entre las cuales las de una especie más pesada han recibido un lugar más bajo con respecto al punto común de caÃda, mientras las de una especie más liviana están a mayor distancia, condición que es necesaria en toda clase de creación natural. Pero en una institución que se deriva inmediatamente de la voluntad divina, no existe el más mÃnimo motivo para esta condición. Pues aunque puede parecer que los globos más alejados deban ser hechos de materia más liviana para que puedan sentir el necesario efecto de la menor fuerza de los rayos solares, serÃa ésta una finalidad que sólo se aplicarÃa a la calidad de las materias ubicadas en la superficie y no a las especies más profundas del interior del conglomerado sobre las cuales el calor solar nunca tiene efecto alguno, puesto que sirven para producir la atracción del planeta para que los cuerpos circundantes vayan cayendo hacia él, y no pueden tener por lo tanto la más mÃnima relación con la fuerza o debilidad de los rayos solares. Si nos preguntamos pues, porqué, según los exactos cálculos de Newton, las densidades de la Tierra, de Júpiter y de Saturno están proporcionadas entre ellas como 400, 94½ y 64, serÃa incongruente atribuir la causa al designio de Dios quien las habrÃa graduado según el calor solar; pues en este caso puede servir de contraprueba nuestra Tierra en la cual el Sol opera con sus rayos sólo hasta una tan escasa profundidad bajo la superficie que la parte de su masa interior que debe tener alguna relación con el Sol, no es ni siquiera la millonésima parte del total y que todo el resto no tiene ninguna importancia con respecto a aquel designio. Por lo tanto, si la materia que forma los cuerpos siderales, tiene entre sà una relación ordenada y en armonÃa con las distancias, y si ahora los planetas ya no pueden limitarse mutuamente porque se hallan separados entre sà en el espacio vacÃo, entonces su materia debe haber estado antes en condiciones de haber podido producir efectos mutuos, para limitarse a los lugares proporcionados a su peso especÃfico, lo que no ha podido ocurrir de otra manera sino que sus partes antes de la formación han estado dispersas en todo el espacio del sistema hasta alcanzar según la ley general de movimiento, lugares correspondientes a su densidad.