Historia natural y teoria general del cielo
Historia natural y teoria general del cielo He tratado de apartar las dificultades que parecían amenazar mi tesis por parte de la religión. Hay otras no menores con respecto al tema mismo. Pues aunque es cierto, se dirá, que Dios ha conferido a las fuerzas de la naturaleza un poder secreto de llegar desde el caos por su propias fuerzas a una perfecta armonía universal, ¿tendrá la inteligencia humana, tan torpe frente a los asuntos más comunes, la capacidad suficiente para desentrañar las calidades ocultas en un tema de tal envergadura? Tamaña empresa equivale a decir: Dadme sólo la materia y os construiré con ella un mundo. ¿No podrá la debilidad de tus entendimientos que fracasan en los asuntos más íntimos de diaria e inmediata percepción, enseñarte que es en vano averiguar lo infinito y lo que pasó en la naturaleza antes de existir un mundo? Anulo esta dificultad haciendo patente que precisamente esta investigación entre todas las que puedan ser planteadas en la teoría natural, es la que permite con la mayor facilidad y seguridad llegar hasta el origen. Igual que entre todos los propósitos de las ciencias naturales, ninguno puede ser resuelto con más exactitud y justeza que la verdadera constitución del Universo en general, las leyes de los movimientos y el mecanismo interno de las revoluciones de todos los planetas, hasta donde la doctrina newtoniana permite estos conocimientos que no se encuentran en ningún otro sector de la filosofía — igual afirmo que entre todas las cosas naturales, cuya primera causa se averigua, el origen del sistema universal y la formación de los cuerpos siderales con las causas de sus movimientos, son lo que primero podemos tener la esperanza de comprender exacta y formalmente. La causa de ello es fácil de ver. Los cuerpos siderales son masas redondas, o sea de la formación más sencilla que pueda tener un cuerpo cuya formación se investiga. Tampoco son compuestos sus movimientos. No son otra cosa que la libre continuación de un impulso una vez dado que unido a la atracción del cuerpo hasta el centro, adopta la forma circular. Además, el espacio en que se mueven, está vacío, las distancias que los separan entre ellos, inmensamente grandes, de manera que todo está preparado en favor de un movimiento que nada perturba, como también para la exacta percepción de los mismos. Me parece que aquí se puede decir en cierta manera sin temeridad: Dadme materia y os construiré con ella un mundo, es decir: Dadme materia y os mostraré cómo un mundo ha de nacer de ella. Pues existiendo materia dotada de una determinada fuerza de atracción, no es difícil determinar las causas que han podido contribuir a la institución del sistema universal considerado en general. Sabemos lo que es necesario para que un cuerpo adopte la forma esférica de una bola, comprendemos lo que se precisa para que esferas libremente suspendidas inicien un movimiento circular alrededor del centro hacia el cual son atraídos. La configuración de los círculos, la coincidencia de la dirección, la excentricidad, todo puede ser reducido a las causas mecánicas más sencillas y se puede esperar con confianza descubrirlas, puesto que es posible derivarías de los axiomas más fáciles y visibles. En cambio, ¿podemos vanagloriarnos de esta ventaja respecto a las más humildes plantas o insectos? ¿Podemos decir: Dadme materia y os mostraré cómo se puede producir una oruga? ¿No quedamos paralizados desde el primer paso, por ignorar la verdadera naturaleza íntima del objeto y de las complicadas diversidades que incluye? No debe pues extrañar a nadie si me atrevo a decir que la formación de todos los cuerpos siderales, la causa de sus movimientos, en fin el origen de toda la actual constitución del Universo podrá ser comprendido más fácilmente que el nacimiento de un solo yuyo, o el de una oruga explicado exacta y completamente por meras causas mecánicas.