Historia natural y teoria general del cielo
Historia natural y teoria general del cielo Considerándolo imparcialmente se ve que los motivos aducidos aquí por ambos lados tienen la misma fuerza y deben ser estimados ambos como equivalentes a la certeza absoluta. Pero no es menos evidente que debe existir un concepto bajo el cual se reúnen estos motivos aparentemente contradictorios, y que es en este concepto donde habrá que buscar el verdadero sistema. Trataremos de indicarlo en breves palabras. En las actuales condiciones del espacio en el cual giran los cuerpos de todo el mundo planetario, no existe ninguna causa material que podría desviar o dirigir sus movimientos. Este especio es completamente vacío, o por lo menos en condiciones equivalentes al vacío. Por consiguiente, debe haberse encontrado alguna vez en otras condiciones, es decir lleno de la suficiente cantidad de materia potente para transmitir el movimiento a todos los cuerpos siderales que se hallaban en él, y para hacerlo concordar con su propio movimiento, lo que significa establecer la concordancia de movimientos de todos ellos. Después que la atracción ha limpiado los citados espacios, reuniendo toda la materia dispersa en determinados conglomerados, los planetas deben ahora continuar sus cursos libre e invariablemente con el movimiento una vez impreso y dentro de un espacio que no ofrece resistencia. Por los motivos de la probabilidad aducida en primer lugar, este concepto se hace imprescindible, y como entre ambos casos no puede existir un tercero, este concepto puede ser aceptado con especial consentimiento que lo eleva encima de la apariencia de una hipótesis. Por otro camino más largo, siguiendo una cadena de conclusiones al estilo del método matemático con todo su característico lujo de razonamientos y con mayor apariencia que la que se estila en materias físicas, se podría llegar finalmente a la misma concepción del origen del Universo que yo he de exponer. Pero prefiero presentar mis opiniones en la forma de una hipótesis, dejando que la inteligencia del lector examine su valor, antes de exponerlas al peligro de que su validez, obtenida por malas artes de deducción, aparezca sospechosa, con lo cual, si bien convencería a los ignorantes, perdería el aplauso de los peritos.