Pedagogía

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Nada podía convenir más a los problemas de conciencia del pequeño y el gran burgués. ¿Qué es el imperativo categórico sino la posibilidad de poder actuar de acuerdo con una moral abstracta sin tener que entrar a discurrir ni a discutir sobre ningún aspecto concreto de la moral, sobre ninguna moral concreta? ¿Qué es la autonomía de juicio kantiana sino la traducción al plano filosófico-moral de la supuesta autonomía económica y social del poseedor de mercancías? ¿Qué otra cosa es la consideración de cada hombre como legislador moral sino la versión al terreno de la ética del modo en que el burgués se representa a sí mismo las relaciones mercantiles y la democracia política, en las que cada sujeto es «soberano»? No hay nada de extraño en la naturaleza de los ejemplos que Kant escoge para explicar su moral: que el dinero debido debe ser devuelto y no entregado al necesitado que se nos cruza por el camino, que el depósito indemostrable debe ser declarado, que el contrato tiene fuerza de ley entre las partes (pacta sunt servanda), etc. Como tampoco en que el derecho positivo entre de nuevo por la puerta de atrás: «Lo propio de la legislación ética es, en efecto, realizar acciones sólo porque son obligatorias, convirtiendo en motivo referente del arbitrio el principio de la obligación, sea cual sea la procedencia de ésta. Hay, por eso, muchas obligaciones éticas directas, pero la legislación interna convierte también todas las demás en obligaciones éticas indirectas.»[24] En general, «el convertir en máxima para mí el obrar de acuerdo con el derecho es una exigencia que la ética me formula».[25]


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