PedagogÃa
PedagogÃa Una muestra más, la última en que nos detendremos, del estrecho acuerdo de Kant con el «espÃritu de la época», nos la ofrece su descripción de lo saludable que resulta esa bellum omnium contra omnes que es la sociedad burguesa como motor de la historia social: «Sin la condición, en sà ciertamente no deseable, de la insociabilidad, de la que surge la resistencia que cada uno en sus pretensiones egoÃstas debe necesariamente encontrar, todos los talentos permanecerÃan eternamente encerrados en sus gérmenes en una vida pastoral arcádica de perfecta armonÃa, frugalidad, amor recÃproco: los hombres, buenos como las ovejas a las que llevan al matadero, no darÃan a su existencia un valor mayor que el que tiene éste su animal doméstico; no satisfarÃan el voto de la creación respecto a su fin de seres racionales. ¡Dense pues gracias a la naturaleza por la intratabilidad que genera, por la envidiosa emulación de la vanidad, por la codicia nunca satisfecha de posesión o incluso de dominio! Sin éstas, todas las excelentes disposiciones naturales puestas dentro de la humanidad permanecerÃan eternamente adormecidas sin desarrollarse. El hombre quiere la concordia, pero la naturaleza sabe mejor que él lo que es bueno para su especie: ella quiere la discordia. El hombre quiere vivir cómoda y agradablemente, pero la naturaleza quiere que, salido del estado de pereza y satisfacción inactiva, afronte dolores y fatigas para que tenga todavÃa que inventar los medios por los que liberarse de ellas con su habilidad. Los impulsos naturales que lo estimulan a eso, las fuentes de la insociabilidad y de la rivalidad general, son causas de muchos males, pero sin embargo éstos empujan a una nueva tensión de esfuerzos, a un mayor desarrollo de las disposiciones naturales, lo que revela el orden de un sabio Creador y no la mano de un espÃritu maligno que haya dañado o arruinado por celos la obra magnÃfica del universo.»[27] Es difÃcil evitar que la lectura del párrafo anterior nos traiga a la memoria la «mano invisible» de Adam Smith, que conducÃa a cada cual a «promover un fin que no entraba en su propósito».