Deseo bajo el Sol
Deseo bajo el Sol Pero él no escuchaba. Estaba perdido en un sueño febril, ignorando el ceño fruncido de Lilah y el gruñido bajo del viejo Hercules, el spaniel de la tÃa Amanda, que observaba la escena desde el asiento del porche. La vida en la plantación de Boxhill, en Virginia colonial, era tan rÃgida como sus normas sociales. Lilah, criada bajo el sol abrasador de Barbados, estaba habituada a un aire más libre, donde los hombres podÃan hablar sin los floridos discursos que aquà parecÃan inevitables.
—¡Haga de mà el hombre más feliz del mundo! —Michael proclamó, avanzando su rostro hacia su muñeca, besándola con entusiasmo.
Lilah lo retiró con un movimiento firme, pero controlado. Sus instintos pedÃan algo más decisivo, quizás un empujón que lo enviara al suelo, pero el eco afilado de las reprimendas de su tÃa Amanda resonaba en su mente: "Una dama siempre guarda la compostura, incluso ante los más necios."
La paciencia de Lilah flaqueaba. Los meses en Boxhill habÃan traÃdo una interminable procesión de pretendientes, cada uno más insÃpido que el anterior. Pero ninguno, ni siquiera este joven que insistÃa en hablarle como si fuera una diosa griega, habÃa despertado en ella algo más que irritación.
—Señor Calvert, su atención me halaga, pero mi respuesta sigue siendo no.
