Deseo bajo el Sol
Deseo bajo el Sol Lilah no recordaba haberlo invitado, pero Jocelyn San Pietro —o Joss, como insistió en que lo llamaran— parecía moverse por Boxhill como si fuera su dueño. Después del extraño encuentro en el porche, había acompañado a Lilah al salón principal, donde la música y las risas del baile llenaban cada rincón. Michael Calvert, herido en su orgullo, los siguió como un perro despechado, lanzando miradas fulminantes hacia Joss.
Lilah trataba de concentrarse en lo que decía su tía Amanda, que estaba ocupada presumiendo la opulencia de sus invitados y sus conexiones sociales, pero no podía evitar sentir el peso de la mirada de Joss. Era diferente a cualquier hombre que hubiera conocido: sus maneras eran impecables, pero no exentas de cierto desafío. Y ese desafío despertaba algo en ella que prefería no nombrar.
Mientras giraba la copa de vino entre sus dedos, él rompió el silencio con un comentario que parecía diseñado para ella. —Debe ser difícil para alguien como usted, Miss Remy, vivir rodeada de tantas reglas.
—¿A qué se refiere, señor San Pietro? —respondió Lilah con una sonrisa que ocultaba su irritación.
