Nunca
Nunca Cheng respiró hondo. Todo en la polÃtica china se reducÃa a paciencia y estrategia. Pero los viejos halcones del partido no compartÃan su visión. En una sala adyacente, se reunÃa el Comité de Seguridad Nacional. Hombres de rostros pétreos, acostumbrados a jugar a largo plazo. Y ellos querÃan una respuesta firme.
—Si no actuamos ahora, perderemos influencia en la región —dijo el general Liu con dureza—. Necesitamos presencia militar.
Cheng se giró con calma, sosteniendo la mirada del militar.
—Eso nos llevarÃa a un enfrentamiento directo con Occidente. Y no estamos listos para eso.
Liu entrecerró los ojos. HabÃa estado esperando esa respuesta.
—¿Y qué propone entonces, vicepresidente? ¿Más diplomacia mientras ellos avanzan?
Cheng sintió la presión de la sala. SabÃa que caminaba sobre hielo quebradizo.
—Proponemos otra vÃa —interrumpió el ministro de inteligencia—. Sabemos que los terroristas tienen algo valioso. Información. Podemos comprarla antes de que lo hagan los americanos.
Silencio. Liu apretó los labios, pero no pudo refutarlo.
—¿Y si fracasan? —preguntó otro ministro.
Cheng se permitió una leve sonrisa.