La Selección
La Selección Él la observó con atención, como si intentara descifrarla. Finalmente, una pequeña sonrisa apareció en sus labios. —Eres diferente. No estoy acostumbrado a que me hablen con tanta honestidad.
—Tal vez porque todos están demasiado ocupados tratando de agradarte.
El silencio que siguió no fue incómodo, sino cargado de algo más. Maxon parecía reflexionar sobre sus palabras, y por un breve instante, America pensó que tal vez él no era el príncipe arrogante y superficial que imaginaba.
Sin embargo, no todo en el palacio giraba en torno a Maxon. Los días estaban marcados por estrictas rutinas de clases, eventos sociales y, lo más importante, las cámaras que captaban cada movimiento de las chicas para transmitirlo al resto de Illéa. Cada sonrisa, cada palabra, se convertía en un espectáculo para la nación.
—¿Te diste cuenta? —susurró Marlee una tarde, mientras las cámaras se enfocaban en Celeste, una de las competidoras más ambiciosas—. Celeste está tratando de sabotearte.
America siguió la mirada de su amiga y vio a Celeste dirigiéndole una sonrisa dulce y venenosa al mismo tiempo. No necesitaba palabras para entender el mensaje: No durarás mucho aquí .