La Selección
La Selección Esa noche, los rumores de un ataque rebelde recorrieron los pasillos. Los guardias estaban en alerta máxima, y se ordenó a todas las chicas permanecer en sus habitaciones. America miró por la ventana, observando las luces de los reflectores moverse en la distancia. A pesar del miedo, había algo fascinante en la resistencia de los rebeldes, en su audacia para desafiar a la autoridad de Illéa.
De repente, un fuerte golpe en la puerta la hizo dar un salto. Abrió, esperando encontrar a una sirvienta o un guardia, pero en su lugar estaba Maxon.
—¿Qué haces aquí? —susurró, sorprendida. —Quería asegurarme de que estabas bien —respondió él, con un tono más preocupado de lo que ella esperaba.
La sinceridad en sus palabras la descolocó. Por un momento, olvidó su resentimiento hacia él y vio a un hombre que no era tan diferente a ella: atrapado en un rol que no había elegido.
—Estoy bien —dijo finalmente—. Pero no tenías que venir hasta aquí para comprobarlo.
Maxon asintió, pero no se movió. Había algo en su mirada que sugería que quería decir más, pero finalmente dio media vuelta y desapareció en el pasillo.