La Selección
La Selección La declaración llenó la sala de un silencio mortal. America sintió cómo el miedo se apoderaba de todos los presentes. Maxon se volvió hacia ella, su expresión firme a pesar del pánico en sus ojos.
—Quédate con Aspen. Él te mantendrá a salvo.
—¿Qué harás tú? —preguntó ella, aferrándose a su brazo.
—Lo que debo hacer. —Maxon se soltó suavemente y se dirigió hacia los guardias, dándoles órdenes rápidas y precisas antes de desaparecer por el pasillo.
America no tuvo tiempo de procesar lo que sentía. Aspen la llevó hacia uno de los refugios subterráneos, donde los ecos de las explosiones y los gritos parecían amplificarse en la oscuridad.
—Esto no es seguro —murmuró Aspen, más para sí mismo que para ella. —¿Y qué es seguro en este lugar? —respondió America con amargura.
El ataque continuó durante horas, y cuando finalmente terminó, el palacio quedó sumido en un silencio inquietante. Al emerger del refugio, America vio el daño: columnas destrozadas, vidrios rotos, el suelo manchado de sangre. Pero lo que más la preocupaba era que no había rastro de Maxon.